Un buen prompt tiene cinco párrafos y nadie los teclea. Cuéntale a Dictaly lo que le contarías a un compañero —el porqué, las restricciones, lo que ya probaste— y entra ordenado en tu agente, tu editor o tu terminal.
El «bueno, no la cuenta» se ha resuelto, la tarea suelta del final ha quedado aparte y no se ha añadido nada que no dijeras. Tecleado, ese prompt habría sido «añade rate limit al login».
La terminal, el editor, el chat del agente o el ticket: si tiene cursor, Dictaly escribe ahí.
Tecleando escribes lo mínimo. Hablando cuentas el contexto, las restricciones y lo que no quieres que toque, que es justo lo que hace que la primera respuesta sirva.
Por eso Dictaly no transcribe: ordena. Agrupa por tema, convierte en lista lo que es una lista y resuelve tus «no, mejor…». Sin añadir ni resumir.
Si dictas «¿por qué falla este test?», se escribe esa pregunta. Dictaly no la contesta por su cuenta ni convierte tu prompt en una respuesta inventada.
El dictado que traen algunas herramientas se queda dentro de ellas y escribe literal. Dictaly escribe redactado en cualquier ventana de Windows.
En la terminal, en el panel del editor o en el chat del navegador. Contexto largo, ordenado, en veinte segundos.
Qué cambia, por qué y cómo probarlo. Lo explicas en voz alta al terminar y la descripción queda escrita.
Pasos para reproducir, lo esperado y lo que pasa. Con listas, sin el «eh, pues resulta que».
Comentarios que explican el porqué en lugar de un «esto no» seco, porque decirlo cuesta menos que teclearlo.
Respuestas de varios párrafos sin salir del hilo. Un perfil para el equipo, otro para el cliente.
El README, la decisión de arquitectura, el onboarding. El primer borrador sale hablando.
Atajo global, en modo pulsar y soltar o mantener pulsado. Esc cancela. Ctrl derecho cambia de perfil a mitad de dictado.
Ideas para prompts y notas, General para mensajes cortos, y Direct: sin IA, literal, para cuando quieres exactamente lo que dijiste.
Nombres de servicios, librerías, repos y compañeros. Se añaden una vez y dejan de salir mal.
Desde que sueltas el atajo hasta que el texto está escrito. Te escucha entero y escribe de una vez, no palabra a palabra.
Tu voz y, para ajustar el tono, el nombre del programa y el título de la ventana. Dictaly no lee tu código ni tus ficheros.
El audio, en ningún sitio: se convierte en texto y se descarta. El historial, solo en tu disco, 90 días.
Otras apps de dictado con IA cuestan entre 8 y 15 $ al mes. Dictaly, 4,99 € con IVA, y en Windows desde el primer día.
Sin cuenta en ningún servicio de IA, sin claves y sin consumo aparte. Los 5 días de prueba no piden tarjeta.
Porque ese dictado vive dentro de esa herramienta y escribe lo que dices tal cual, con tus «eh» y sin orden. Dictaly escribe redactado y funciona igual en la terminal, el editor, el navegador, Slack o Jira, con el mismo atajo.
Sí: «endpoint», «pull request» o «useEffect» dentro de una frase en español son lo normal. Los nombres propios de tu proyecto que se resistan, al diccionario, y dejan de fallar.
Donde mejor funciona es en casa o en remoto. En la oficina, unos auriculares con micrófono cerca de la boca te dejan hablar bajo, y el micrófono solo se abre mientras pulsas.
Si te sirve uno literal y te apetece montarlo, adelante. Dictaly es para quien quiere el texto ya ordenado, sin configurar modelos ni claves, por menos de lo que cuesta un café a la semana.
Hoy, Windows 10 y 11, y en breve Android e iPhone. Hay una beta para Ubuntu buscando quien la pruebe: escríbenos. Para Mac no hay fecha.
15 horas al mes son más de cien mil palabras: muchos prompts. La aplicación avisa antes de llegar al límite y el contador se reinicia el día 1.
Cinco días sin tarjeta. La prueba se activa dentro de la aplicación: nada de registrarse.
Microsoft Store · Windows 10 y 11 (64 bits) · Necesita conexión para dictar